Depresión: Diagnóstico, síntomas y tratamiento
La palabra depresión proviene del latin depressio, que significa hundimiento, abatimiento,
opresión.
La psicología adoptó este término, a principios del siglo XX, para describir un
trastorno mental que afecta al estado del ánimo y que se caracteriza por sentimientos intensos de tristeza y una pérdida de interés por realizar actividades que antes resultaban placenteras.
Actualmente, la palabra depresión es un término muy popular que se suele utilizar de manera
coloquial para describir un estado de ánimo triste o abatido, siendo también habitual usarlo para referirnos a esos sentimientos, expresiones como “estoy depre” o “estoy de bajón”.
Sin embargo, la depresión es mucho más que un sentimiento de tristeza.
Es un trastorno mental grave, que puede afectar a aspectos físicos, cognitivos, emocionales y comportamentales, e interferir seriamente en áreas de nuestra vida como la laboral o escolar, relacional y familiar.
La depresión, también llamada trastorno depresivo mayor, afecta a todas las edades, siendo dos veces más frecuente en mujeres que en hombres, y, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la padece entorno a un 5,7% de la población adulta mundial.
Es la principal causa de discapacidad en el mundo y, ocasiona un alto coste económico.
Asimismo, la OMS considera que los trastornos depresivos son una de las mayores epidemias
de las últimas décadas, pero, a diferencia de otras como la gripe o el COVID, la depresión es
una epidemia silenciosa y ofrece un dato alarmante: el 75% de las personas con depresión no
reciben ningún tratamiento con el importante impacto negativo para estas personas.
Es por ello que, los trastornos depresivos causan un gran sufrimiento y dolor tanto a quien la padece como a su círculo cercano.
Es importante, por tanto, conocer cuáles son los síntomas y las principales señales de depresión que nos deben alertar para acudir a un especialista.
Señales principales de Depresión
Puede ser habitual sentir tristeza en algún momento, o sentirse bajo de ánimo, tener sensación de falta de energía, e incluso sentirse más irritable de lo normal, o puede, incluso, no apetecerte realizar algún plan con el que siempre sueles disfrutar.
Situaciones de duelo o pérdida -de un trabajo, relación o de un ser querido-, estrés laboral,
factores hormonales o determinadas situaciones médicas, pueden provocar, entre otras
causas, estas alteraciones anímicas de forma transitoria.
Sin embargo, si la situación adversa se disipa y la sensación de tristeza es intensa y/o dura más de dos semanas, sientes pérdida de interés o placer en casi todo, incluidas las relaciones
sexuales, empiezas a retraerte y aislarte, tienes pensamientos sobre la muerte o el suicidio, irritabilidad extrema y cambios drásticos en el comportamiento, la alimentación o el sueño, debes acudir a un especialista – psiquiatra o psicólogo-.
Síntomas de la Depresión
En el trastorno depresivo mayor, los síntomas se producen durante gran parte del día, casi
todos los días, y pueden consistir en:
Síntomas en adolescentes y adultos mayores
Si bien los síntomas descritos describen la depresión en la población general, en adolescentes
y personas mayores, se suele manifestar de forma distinta.
Así, un estudio reciente encontró mayores tasas de ideación suicida entre los adolescentes y mayores tasas de síntomas somáticos en los adultos mayores (Sánchez García et al).
En adolescentes, junto con la expresión de tristeza, llanto frecuente y quejas, son frecuentes
los sentimientos de soledad e incomunicación, culpa, inutilidad, opinión negativa e irreal de sí
mismo, con pensamientos de autodepreciación recurrentes, y desesperanza hacia el futuro, lo
que puede influir en el rendimiento escolar y las relaciones sociales.
En estas edades, aparecen los primeros pensamientos suicidas, y, los pensamientos de muerte son más reiterados.
En los adultos mayores, los síntomas pueden pasar desapercibidos y ser considerados parte del proceso de envejecimiento, o pueden confundirse con otras patologías comunes en esta edad,
incluso en los casos más graves, pueden confundirse con signos de demencia.
Habitualmente, la depresión en adultos mayores se manifiesta como falta de apetito, alteraciones del sueño, somatizaciones, y alteraciones del contenido del pensamiento, lo que dificulta y complica más la vida del paciente deprimido, interfiriendo gravemente en su calidad de vida.
Causas y tipos de Depresión
La depresión no suele tener una causa única, y aunque se desconoce la causa exacta, se sabe
que en su origen intervienen diversos factores genéticos, biológicos, ambientales y
psicológicos.
En función a estos factores, la depresión puede presentar ligeras diferencias en su manifestación, intensidad o duración, danto origen a diversos tipos, que se explican a
continuación:
Factores genéticos y biológicos: Herencia y predisposición genética. Desequilibrios en los neurotransmisores.
Cambios hormonales, como los que ocurren durante el embarazo, el
posparto o la menopausia.
Estos factores dan origen a:
Depresión endógena: con un origen biológico, que guarda relación con la heredabilidad o predisposición genética.
Se conoce como melancolía o tristeza vital, y no suele guardar relación con acontecimientos vitales estresantes y/o negativos.
Suele ser persistente, empeora por la mañana y suele mejorar a lo largo del día.
Hay una pérdida importante de la capacidad de disfrute.
Pueden aparecer ideas delirantes (ideas de culpa, ruina, hipocondría).
Puede existir mayor riesgo de suicidio, que aumenta a medida que progresa la enfermedad.
Este tipo de trastornos responden mejor a tratamientos con medicamentos y fármacos.
Depresión Postparto: las alteraciones hormonales en las mujeres durante y después
del embarazo, el parto y los cambios que se suceden en la vida de la mujer son el origen de los síntomas depresivos.
Aunque tiene un origen eminentemente biológico, hay otros factores que también impactan en el estado de ánimo como los cambios en las relaciones sociales y en el trabajo, falta de sueño o preocupaciones sobre la maternidad.
Es una depresión moderada o intensa y suele suceder en los tres primeros meses tras el
parto, aunque se puede presentar hasta un año más tarde.
Trastorno disfórico premenstrual o síndrome premenstrual. Influyen múltiples factores endocrinos, -como hipoglucemia, fluctuaciones en los niveles de estrógenos y
progesterona circulantes, exceso de aldosterona o ADH-, predisposición genética,
deficiencia de serotonina, e incluso las deficiencias de magnesio y calcio.
Los síntomas más comunes son irritabilidad, ansiedad, agitación, enfado, insomnio, dificultad para
concentrarse, letargia, depresión y cansancio extremo.
La retención de líquidos causa edema, aumento transitorio de peso y turgencia y dolor mamarios.
Puede haber pesadez o presión en la pelvis y dolor de espalda.
El tipo y la intensidad de los síntomas varían de mujer en mujer y de ciclo en ciclo.
Por lo general, los síntomas comienzan durante los 5 días previos a la menstruación y desaparecen a las pocas horas de iniciada esta.
Los síntomas pueden ser más graves durante el estrés o la perimenopausia.
Factores ambientales y psicosociales: eventos estresantes negativos como la pérdida de un
ser querido, divorcio o ruptura de pareja, pérdida del empleo o situación de desempleo
prolongado, dificultades económicas.
Traumas. Situaciones de estrés prolongado.
Aislamiento social, falta de apoyo y red social. Rasgos de personalidad, baja autoestima, autocrítica,
pueden ser factores de riesgo.
En función de esto, podemos encontrar:
Distimia o trastorno depresivo persistente: habitual en personas con trastornos de personalidad, dificultades para relacionarse, hipercríticas, dependientes, pesimistas.
Presentan síntomas similares a otras depresiones, pero la tristeza suele estar casi siempre presente y puede extenderse por largo tiempo.
Sufrir este tipo de depresión aumenta el riesgo de sufrir otros trastornos depresivos más graves.
Depresión reactiva: Se originan como respuesta a un acontecimiento adverso de la vida, aunque su inicio puede ocurrir algún tiempo después del evento.
Los síntomas son más solapados, el ánimo es más reactivo a las circunstancias ambientales.
Consecuencias de la Depresión (y no tratarla)
La depresión no es simplemente “estar triste” ni “tener un mal momento”.
Es una enfermedad médica compleja que afecta al cerebro, al cuerpo y a la forma de pensar, sentir y actuar.
Y cuando no se trata, no solo no mejora, sino que tiende a cronificarse y a generar un efecto dominó en todas las áreas de la vida.
Depresión y demencia
Durante años se pensó que la depresión era solo una reacción emocional a los primeros síntomas de la demencia.
Hoy sabemos que la relación es mucho más compleja: la depresión puede ser un factor de riesgo, una manifestación temprana (pródromo) o incluso una consecuencia de la demencia ya establecida.
Durante años se pensó que la depresión era solo una reacción emocional a los primeros síntomas de la demencia.
Hoy sabemos que la relación es mucho más compleja: la depresión puede ser un factor de riesgo, una manifestación temprana (pródromo) o incluso una consecuencia de la demencia ya establecida.
La depresión como factor de riesgo de demencia
Numerosos estudios longitudinales y metaanálisis han demostrado que las personas que han sufrido episodios depresivos en la mediana edad o en la vejez tienen un riesgo significativamente mayor (entre 1,5 y 2 veces más) de desarrollar demencia, especialmente tipo Alzheimer y si esta depresión no es tratada, los mecanismos propuestos son:
La depresión como pródromo de demencia
En algunos casos, sobre todo en personas mayores, una depresión de inicio tardío (a partir de los 60-65 años) puede ser el primer síntoma de una demencia incipiente, especialmente tipo Alzheimer o frontotemporal.
Esto ocurre porque los circuitos frontolímbicos, que regulan el ánimo, son también los primeros en alterarse en estas enfermedades.
Por eso, a veces la persona presenta apatía, anhedonia, falta de energía o dificultades cognitivas leves (problemas de memoria, atención o planificación), y cuesta diferenciar si se trata de una depresión o de una demencia en fase inicial.
De hecho en estos casos podemos hablar de pseudodemencia depresiva cuando los síntomas son entremezclados o confusos y realmente la persona lo que tiene es una depresión que “imita” una demencia (la persona presenta olvidos y lentitud mental por la depresión, pero sin daño cerebral estructural).
Aquí el tratamiento corrige todos los síntomas, también los cognitivos y de memoria.
Por esto, ante una depresión nueva en edad avanzada, a veces conviene hacer una evaluación neuropsicológica y pruebas complementarias, para descartar deterioro cognitivo subyacente.
La depresión como consecuencia de la demencia
En fases iniciales de la demencia, muchas personas son conscientes de sus pérdidas cognitivas, lo que genera tristeza, ansiedad y desesperanza.
Esto puede dar lugar a una depresión reactiva o secundaria.
En estos casos, tratar la depresión mejora la calidad de vida y la adaptación a la enfermedad, incluso aunque no se detenga la progresión de la demencia.
Diagnóstico clínico de la Depresión en Consulta
Para la evaluación clínica y el diagnóstico de depresión se evalúa la presencia y gravedad de síntomas en diferentes áreas.
La gravedad se determina por el grado de dolor y por la discapacidad (fisica, social, ocupacional) que origina, así como también por la duración de los síntomas.
¿Cómo se realiza una valoración de la Depresión en Consulta?
La entrevista clínica es la principal herramienta de diagnóstico.
A través de ella, el psiquiatra o psicólogo, entrevista al paciente para evaluar sus síntomas, duración, historial personal y familiar, y cómo estos afectan su vida diaria.
También se pueden utilizar pruebas psicodiagnósticas, - test y cuestionarios, como BDI o el
PHQ-9- para medirla gravedad de los síntomas.
En algunas ocasiones, el psiquiatra puede solicitar un análisis de sangre, para evaluar niveles
de hormonas tiroideas, electrolitos, vitamina B12 y ácido fólico, para descartar otras enfermedades, como anemia o hipotiroidismo, que pueden tener síntomas parecidos a la depresión.
Tratamientos con evidencia científica para el tratamiento de la Depresión
En función de la gravedad de la sintomatología, el especialista considerará la aplicación de
tratamiento farmacológico, psicoterapia o ambos.
La psicoterapia, en particular la terapia cognitivo-conductual y la terapia interpersonal, han
demostrado, según diversos estudios científicos (ensayos aleatorizados), su eficacia en
pacientes con trastorno depresivo mayor, tanto para el tratamiento de los síntomas agudos
como para disminuir la probabilidad de recaída.
La psicoterapia puede ayudar a identificar problemas y cambiar los comportamientos que
contribuyen a causar y mantener la depresión, a reconocer pensamientos y creencias
negativas y remplazarlos por pensamientos positivos y saludables, a desarrollar o mejorar
capacidades más adaptativas de afrontamiento de problemas, a desarrollar habilidades para
mejorar relaciones interpersonales, o también a aprender a tolerar la angustia mediante
conductas más saludables.
Ejercicio físico y Depresión
El ejercicio físico es uno de los tratamientos complementarios más efectivos y respaldados científicamente en la depresión.
Numerosos estudios muestran que la actividad física regular aumenta la liberación de serotonina, dopamina y endorfinas, neurotransmisores directamente implicados en la regulación del estado de ánimo.
No es necesario practicar deporte intenso: caminar a paso ligero, nadar, bailar o montar en bicicleta unos 30 minutos al día, 4 o 5 veces por semana, puede marcar una diferencia real.
Además de los beneficios neuroquímicos, el ejercicio mejora la calidad del sueño, reduce la tensión muscular y devuelve la sensación de control sobre el propio cuerpo, algo que la depresión tiende a erosionar.
Lo importante no es tanto la intensidad como la constancia y el placer: elegir una actividad que te guste aumenta la probabilidad de mantenerla en el tiempo.
Alimentación saludable y Depresión
La relación entre alimentación y salud mental es cada vez más clara.
Una dieta rica en frutas, verduras, legumbres, pescado azul, frutos secos y cereales integrales se asocia con un menor riesgo de depresión y ansiedad.
Los alimentos ultraprocesados, ricos en azúcares refinados y grasas saturadas, favorecen la inflamación sistémica, que también se ha vinculado con la depresión.
En consulta suelo explicar que comer bien no es una cuestión estética, sino terapéutica: la nutrición influye en la microbiota intestinal, en la producción de neurotransmisores y en la regulación del estrés.
Además, es importante evitar el consumo excesivo de alcohol y cafeína, que pueden alterar el sueño y aumentar la ansiedad.
Meditación y Depresión
La meditación y las prácticas de mindfulness (atención plena) tienen un impacto muy positivo en el manejo de la depresión, especialmente cuando hay tendencia a la rumiación mental (a comernos la cabeza).
Estas técnicas enseñan a observar los pensamientos sin dejarse arrastrar por ellos, reduciendo el estrés y favoreciendo una mayor conexión con el momento presente.
Practicar unos minutos al día de meditación guiada, respiración consciente o relajación muscular progresiva puede disminuir la actividad de las áreas cerebrales relacionadas con la preocupación y la autocrítica, y aumentar la sensación de calma y control.
No se trata de “vaciar la mente”, sino de aprender a convivir con ella de otro modo.
Incluso ejercicios simples como respirar profundamente, prestar atención al entorno o comer de forma consciente ayudan a interrumpir el ciclo de pensamientos negativos.
Tratamiento farmacológico de la depresión
El tratamiento farmacológico de la depresión es una herramienta fundamental dentro del abordaje integral de este trastorno.
Su objetivo no es únicamente aliviar los síntomas, sino restablecer el equilibrio neuroquímico del cerebro, mejorar el funcionamiento general de la persona y prevenir recaídas futuras.
Es importante entender que no todos los casos de depresión requieren medicación, pero cuando la intensidad de los síntomas es moderada o grave, o cuando la psicoterapia por sí sola no es suficiente, el tratamiento farmacológico va a marcar una diferencia sustancial en la evolución.
En muchas ocasiones también es necesarios combinar los antidepresivos con ansiolíticos porque se dan otros síntomas asociados.
En caso más complicados, refractarios, con síntomas psicóticos asociados o depresión bipolar, también se pueden usar fármacos estabilizadores del ánimo (litio, valproato sódico, lamotrigina, carbamazepina), antipsicóticos (olanzapina, risperidona, quetiapina, aripiprazol, etc.), terapia electroconvulsiva (sobre todo en casos de depresión psicótica), o esketamina (antidepresivo para casos resistente, de uso hospitalario, administrado por vía inhalada).
Tipos principales de antidepresivos
Los fármacos antidepresivos actúan sobre los neurotransmisores cerebrales implicados en la regulación del estado de ánimo (que son principalmente: serotonina, noradrenalina y dopamina). A continuación se describen los grupos más utilizados:
Inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS)
Son los más prescritos actualmente, debido a su eficacia y buen perfil de tolerancia.
Incluyen medicamentos como fluoxetina, sertralina, escitalopram, citalopram, fluvoxamina o paroxetina.
Actúan aumentando la disponibilidad de serotonina en las sinapsis neuronales, mejorando progresivamente el estado de ánimo, la energía y la motivación.
Suelen ser el tratamiento de primera elección, ya que presentan menos efectos secundarios que los antidepresivos más clásicos.
Los efectos más frecuentes, generalmente leves y transitorios, pueden incluir molestias gastrointestinales, alteraciones del sueño o disminución del deseo sexual.
Inhibidores de la recaptación de serotonina y noradrenalina (IRSN)
Entre ellos se encuentran venlafaxina, duloxetina o desvenlafaxina.
Además de la serotonina, actúan sobre la noradrenalina, lo que puede aportar un efecto energizante y mejorar la concentración, el impulso vital y la atención.
Suelen emplearse cuando la persona presenta síntomas de apatía, fatiga o falta de energía, o cuando no ha habido respuesta suficiente con un ISRS.
Antidepresivos tricíclicos (ATC)
Aunque menos utilizados hoy en día debido a sus efectos secundarios, siguen siendo una opción eficaz en determinados casos resistentes o en depresiones con características específicas (como el dolor neuropático o la fibromialgia).
Incluyen fármacos como amitriptilina, nortriptilina o clomipramina.
Actúan sobre varios neurotransmisores, lo que los hace potentes, pero también con mayor riesgo de somnolencia, sequedad de boca, hipotensión o aumento de peso.
Inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO)
Actualmente se reservan para casos resistentes al tratamiento, por su potencial de interacción con alimentos y otros medicamentos y esto hace que su uso sea muy restringido. Pueden ser muy eficaces en depresiones atípicas o con alta sensibilidad al rechazo interpersonal
Antidepresivos atípicos
Los fármacos antidepresivos actúan sobre los neurotransmisores cerebrales implicados en la regulación del estado de ánimo (que son principalmente: serotonina, noradrenalina y dopamina). A continuación se describen los grupos más utilizados:
Los fármacos antidepresivos actúan sobre los neurotransmisores cerebrales implicados en la regulación del estado de ánimo (que son principalmente: serotonina, noradrenalina y dopamina). A continuación se describen los grupos más utilizados:
Duración del tratamiento farmacológico
Los antidepresivos no actúan de inmediato: los efectos comienzan a percibirse habitualmente entre las 2 y 4 semanas, aunque la mejoría completa puede tardar algo más.
Por eso, es fundamental mantener la medicación incluso aunque los síntomas empiecen a mejorar, siguiendo siempre las indicaciones médicas.
Generalmente, el tratamiento se mantiene entre 6 y 12 meses después de la mejoría completa del episodio.
En personas con episodios recurrentes o antecedentes familiares significativos, puede ser recomendable un tratamiento de mantenimiento más prolongado para prevenir recaídas.
La suspensión del tratamiento debe hacerse siempre de forma gradual y bajo supervisión médica, para evitar efectos adversos o la reaparición de síntomas.
Combinación con Terapia
El tratamiento farmacológico y la psicoterapia no son excluyentes: al contrario, se potencian mutuamente.
Los fármacos pueden estabilizar los síntomas y permitir que la persona tenga la claridad mental y la energía necesarias para trabajar en las causas psicológicas y emocionales de fondo (sobre todo si hablamos de depresiones reactivas).
Terapia cognitivo-conductual
Por lo general, la Terapia Cognitivo-Conductual consta de 8 sesiones, aunque se pueden necesitar sesiones adicionales para personas con problemas de salud física, o que presenten otros trastornos mentales o necesidades sociales complejas.
Se enfoca en resolver problemas actuales, está centrada en identificar y modificar patrones de
pensamiento y comportamientos perjudiciales que contribuyen o empeoran los síntomas de la
depresión.
Para ello se enseña, mediante psicoeducación, cómo interactúan los pensamientos, las creencias, las actitudes, los sentimientos y el comportamiento.
Enseña habilidades de afrontamiento para lidiar con las cosas de la vida de manera diferente.
Puede ser útil para las personas que pueden reconocer pensamientos negativos o patrones de comportamiento inútiles que desean cambiar.
Otras terapias para el tratamiento de la depresión
Existen otras opciones de tratamientos psicológicos eficaces y recomendados por la Guía NICE (National Institute for Health and Care Excellence).
Referente mundial que elabora recomendaciones y estándares de calidad sobre salud y cuidados sociales, y se basa en la en la revisión de la evidencia científica más reciente para mejorar las prácticas y la calidad de la atención sanitaria.
Entre estas recomendaciones para el tratamiento de la depresión incluye:
Coryell, W. (2025). Trastornos depresivos. En:https://www.msdmanuals.com/es/professional/trastornos-psiqui%C3%A1tricos/trastornos-del-estado-de-%C3%A1nimo/trastornos-depresivos
Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, 5th edition, Text Revision (DSM-5-TR). American Psychiatric Association Publishing, Washington, DC, pp 177-214.
González Molejón, J. A. (2018). La depresión en el anciano.La Depresión en el anciano, 50(50), 1-50.
Infocop (2023). Tratamientos psicológicos eficaces para la depresión según el NICE. En :https://www.infocop.es/tratamientos-psicologicos-eficaces-para-la-depresion-segun-el-nice/
https://www.navarra.es/home_es/Temas/Portal+de+la+Salud/Ciudadania/Mi+enfermedad/Depresion/L
a+depresion/tipos+depresion/
Oteíza Collante M, Méndez I, Santamarina Pérez P, Romero S. Los trastornos depresivos de la infancia y
la adolescencia. Principales signos de alerta. Orientación para el tratamiento . Rev Pediatr Aten Primaria.
2023;25:83-93.
Sánchez-García S., Juárez-Cedillo T., Gallegos-Carrillo K., Gallo J.J., Wagner F.A., García-Peña C.
Frecuencia de los síntomas depresivos entre adultos mayores de la Ciudad de México. Salud Ment.
2012;35:71-7.
Serra-Blasco, M (2025) .La Terapia cognitiva basada en Mindfulness es eficaz para tratar la depresión
según un estudio. En: https://sciencemediacentre.es/la-terapia-cognitiva-basada-en-mindfulness-es-
eficaz-para-tratar-la-depresion-segun-un-estudio
Sullivan PF, Neale MC, Kendler KS: Genetic epidemiology of major depression: review and meta-
analysis. Am J Psychiatry 2000 Oct;157(10):1552-62. doi: 10.1176/appi.ajp.157.10.155
